Se me olvida, a veces se me olvida que el dolor de los otros no es el mío, que a menudo el dolor se convierte en rabia, en ira, en desprecio.
Se me olvida que todo ese dolor se hace a menudo una pelota dura inexpugnable y se lanza contra los otros. Los otros son culpables, los otros deberían, los otros que no nos salvan de nosotros mismos.
Se me olvida, tan a menudo se me olvida que cuando veo esa pelota lanzándose con toda su furia contra mí, contra otro, sólo me da tiempo a protegerme con una gran coraza y dejo de ver, mi espalda se hace fuerte y sigo mi camino.
Se me olvida que  el gran dolor es no saber expresar, no poder compartir, no dejarse llorar, mucho más grande que el que pretende herirme, herir a los demás.
Se me olvida que cada cual camina con su mochila y que a veces es tan pesada, tan densa que no te deja caminar y que esa mochila nadie más la puede cargar y sólo cada cual la puede descargar. Nadie más.

Raquel Tasa
5 de Noviembre 2016

 

 

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