El principio de un gran amor
El principio de un gran amor

Hace seis años, casi siete nació mi hijo.
Era un niño muy deseado, quise ser madre joven y las circunstancias no lo permitieron, sea como sea, llegó cuando tenía que llegar.
He vivido intensamente, he conocido lugares y practicado deportes de los llamados de “riesgo” que no hubiera podido hacer si entonces hubiera tenido un bebé del que ocuparme. Así que todo está bien como está.

Cuando él vino yo estaba preparada para recibirlo, durante el embarazo tenía algunas cosas claras como que quería dar lactancia materna a mi hijo, la base para ese deseo no era en absoluto científica, no se basa en ninguna evidencia, no era porque fuera lo mejor, que lo es, yo quería dar pecho a mi hijo, porque cuando era una niña, debía tener unos siete años, me dejaron entrar en la habitación de una chica que se disponía a dar de mamar a su bebé.

Habíamos estado en una reunión de gente y ella se retiró a su cuarto para darle de mamar con cierta intimidad y me dejó entrar a mi porque entonces era yo también una niña. Ella descubrió el pecho y se dispuso a dar de mamar a su bebé, no sé si mis recuerdos están vestidos con todo eso que les ponemos encima a fuerza de usarlos, pero en mi mente veo a aquella chica envuelta en luz y con una sonrisa beatífica de satisfacción en los labios. Entonces sentí que yo también algún día quería hacer eso. La dulzura, la lentitud, la paz que desprendían, yo también quería aquello.

Pasaron muchos años, yo creí que ya no recordaba y sin embargo, al cabo de tanto tiempo, viéndome amamantar a mi bebé volví a pensar en ella.
Durante el embarazo leí a Estivill, a Carlos Gonzalez y a Adolfo Gomez Papi, y sí, yo tenía claro que no iba a dormir con mi bebé….. es una suerte que el cuerpo, una vez llegamos a casa me gritara todo lo contrario y así mi hijo siguió en mi cama para satisfacción de los dos. Después de pasar una noche… como las noches que se pasan con los bebés, no hay nada tan reconfortante como ver la cara de tu bebé, su olor, sus balbuceos, no cambio eso por todo el oro del mundo.

Nuestro camino no ha sido fácil, el parto no fue como yo esperaba, no me preparé para ello, no busqué y curé mis miedos, sea como sea, está bien así, ahora lo sé, en consecuencia los principios de la lactancia no fueron un camino de rosas, lloré mucho, de impotencia, de miedo y también de dolor, recuerdo morderme el puño para que mi hijo pudiera seguir mamando. Como asesora, no recomiendo a nadie tal invento. Nos costó, pero aprendimos juntos y gracias a eso conocí a un grupo de mujeres dentro de un grupo de lactancia que fueron mis compañeras, mis hermanas en esa andadura, sin las que no hubiera podido ser feliz en aquellos tiempos. Recuerdo entrar en el grupo apesadumbrada por alguna cosa, a menudo tonterías, pero una no sabe, no tiene referentes, y salir llena de energía, con fuerzas, sabiendo que aquello tan “grave” ni era tan grave y por supuesto yo le podía dar solución.
Gracias a aquella lactancia complicada y a la energía que descubrí en el grupo sentí que quería devolver al mundo lo que el mundo me había dado a mi y llegar así a otras mujeres que lo necesitaran, necesitaran ayuda en la lactancia o simplemente un grupo en el que poder nutrirse y me formé como asesora. Después descubrí a las doulas, me fascinó, me atraía esa forma de acercarse a la maternidad desde el corazón, ese recuperar la tribu, los instintos mujeres con mujeres y con mi hijo a la teta y con la ayuda de su padre también me formé en ello.

Formé un grupo de lactancia y otro de acompañamiento a madres para poder hacer actividades con niños o simplemente reunirnos, juntas crecimos y nos nutrimos, uno de los placeres de maternar.

Y mientras, la vida transcurría y en esa época fuí inmensamente feliz. Jamás me he sentido tan mujer, tan poderosa, tan llena de creatividad como entonces.
Descubrí mi cuerpo, lo hermoso que era mi cuerpo, un cuerpo capaz de albergar y dar vida, ¿acaso existe algo más importante que eso? . No. No hay nada más, nada más eterno que eso.

Han pasado seis años, casi siete, y ahora quiero dar un paso más, quiero compartir todo eso que viví apenas sin saber, dando por hecho que las maternidades son así, llenas de luz. En mi experiencia en los grupos he visto que no, que no siempre es así, que hay maternidades muy duras, muy solitarias.

Me consta que ser madre no es fácil, es una gran aventura y a veces es complicada, pero dejadme que os diga, que ser madre es la experiencia más transformadora que existe y sí a veces es duro pero con las herramientas y la compañía adecuada es infinitamente más fácil.
Quiero hacer incapié, en que la maternidad no solo son rosas en el camino, no digo que la mía lo fuera, hay problemas, hay situaciones difíciles, pero pueden salvarse y salvarlas aprendiendo muchísimo en ellas.

Mi sueño, mi anhelo es que todas las mujeres vivan la maternidad, así, dejándose iluminar por el milagro, sabiéndose merecedoras y agradecidas por la inmensa fortuna de ser madres, por eso nació el curso “Puerperio feliz. El placer de ser”. Por eso tiene ese nombre, porque ser madre es de verdad, es lo mejor que os va a pasar en la vida.

Podéis apuntaros aqui si lo deseáis:

Puerperio feliz. El placer de Ser

O seguir leyendo aqui:  Indice Puerperio feliz. El placer de Ser

One thought on “El porqué de “Puerperio feliz. El placer de ser””

  1. Me interesa recibir información y los artículos publicados en el blog.
    Soy acompañante en el puerperio, También sostén de bebés en complejas situaciones sociales.

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