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Una se construye a base de vivencias, mientras las vives no te das cuenta de lo importantes que serán en tu vida. 

Mis veranos de infancia transcurrieron entre la casa de mi tía, en un barrio muy poblado de Barcelona y la playa a la que iba con mis primos y con ella.
Su casa parecía estar al margen del bullicio del barrio, aparte del ruido atronador de los neumáticos en los adoquines por la noche, por lo demás podría haber estado en un lugar mucho más tranquilo, se veían las copas de los pinos plantados en la acera y un enorme colegio delante, pero en verano estaba vacío.

Uno de mis primos me trajo el gusto por la lectura, siempre había libros en aquella casa, todo el mundo leía y el water siempre tenía un montón de tebeos apilados al lado.
Uno de mis primos tocaba la guitarra encerrado en el lavabo, tenía mejor acústica decía.

Los libros me parecían demasiado serios, demasiado gordos, demasiada letra. El tiempo que estaba en su casa leía tebeos, entonces eran tebeos no cómics, de hecho sigo pensando en aquellos cómics que leía entonces como tebeos, aunque los demás, los que he leído después hayan sido cómics para mi.
Leía sin parar aquellos tebeos hasta que un día uno de mis primos me lo robó de las manos y me lo cambió por un libro. Me enfadé, grité, salté tras de él, imposible alcanzarlo, por aquella época ya debía medir su metro ochenta y yo era todavía más bajita que ahora. Grité y me enfadé, hasta que me dijo la frase mágica:
-A mi el que más me ha gustado de los tres relatos es el de “La perla” .
Adoraba a mi primo, era mi dios. Me pudo la curiosidad, quería saber qué era lo que tanto le gustaba de aquel relato y empecé a leer.Tenía 13 años.

Aquel mediodía mi tía vino a tocarme el hombro:
– Raquel, ¿no me oyes?.
Estaba sentada en aquel sofá tan trajinado, con las piernas cruzadas sobre él, metida en el libro. No, no la había oído me llamó tres veces y no la había oído.

No, no fue muy respetuoso, pero fue efectivo

Ayer iba camino de la playa, me adelantó una moto y pensé en él, en su afán por compartir su música conmigo, en cómo sin saber me había dado muchos regalos, de esos que no se compran, de esos que ni sabes que lo son cuando te los regalan.

La literatura es una ventana a otras vidas, te traslada a otros lugares y se convierte en una tabla de salvación cuando la vida es demasiado dura para vivirla a pelo, junto con eso vino el ansía de escribir, de soltar, de ser.

Mi primo ya no está o no está físicamente porque su presencia sigue en mi vida. Hace unos años no se cuantos, ni sé la fecha, mi memoria se niega a recordar las fechas de las muertes de la gente que quiero.
Fue el primero en decirme que ya era mayor para decidir si quería fumar y el primero en decirme unos años después que lo dejara.
Cuando me preguntó si quería un cigarrillo después de mirar con ansia el suyo, mis padres estaban delante y yo fumaba a escondidas desde hacía tiempo, en realidad aquella pregunta era mucho más que sobre un cigarrillo, era validarme como persona con capacidad de escoger, algo nuevo que no había sentido antes. Le dije que no, mi madre estaba delante, mi madre no me daba la opción de escoger.

Fui a verlo con mi hijo cuando ya estaba muy enfermo y entonces le expliqué lo que había supuesto para mi que me robara aquel tebeo de las manos. Llegué a tiempo, él ni sabía lo que había hecho, cómo aquella mañana de verano me había cambiado la vida.
Le di las gracias por aquel regalo hecho sin saber.
Se estaba preparando para dejar la vida y unos días después se fue.

En cada roce, en cada contacto con otro ser humano, sobretodo si esa persona afectivamente es importante para nosotros nos vamos construyendo.
No olvides dar las gracias.

Raquel Tasa
Febrero 2017

                                                   Que tinguem sort

One thought on “De cómo empecé a leer. De cómo nos construimos.”

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