De la depresión y la felicidad en la maternidad

Ser feliz no vende.

No vende libros, ni cursos, ni nada y sin embargo todos andamos tras la felicidad. Este es un principio que cualquier publicista sabe bien, se perpetúa una y otra vez la carencia, no serás feliz si no compras este vestido, este aparato, este coche y así hasta el infinito.

La sorpresa es que una vez cubiertas tus necesidades básicas, (se han de tener cubiertas lo que tu consideres necesidades básicas) la felicidad no aumenta por tener más cosas, cosas que prometen una felicidad, que se esfuma en cuanto has realizado el acto de comprar.

Las cosas físicas,
son COSAS,
no abrazan, no quieren, no dan. 

Nos refugiamos en la infelicidad, a la espera de todas esas cosas que nos prometen una vida mejor y que no nos la dan.

Las cosas se convierten en el motivo de ser o no feliz, y ¿dónde quedan las personas, las relaciones, nuestro motivo para vivir, nuestro propósito en la vida? . No está, no existe, no hay tiempo porque el tiempo se ha de invertir en tener todas esas cosas que no vamos a usar.

Empezamos la maternidad inmersas en eso y de repente nace el bebé y el tiempo se para, muy probablemente la capacidad adquisitiva no es la misma, y ¿ahora qué?.

Todo ese tiempo para pararse y ver la vida pasar, sin tiempo para ir a comprar, para despistarnos de lo que de verdad importa. Todo ese tiempo para “simplemente” estar.
                 Sí, el puerperio puede ser duro por muchos motivos.

El puerperio, esos dos años en los que el tiempo transcurre diferente, porque ese ser al que has dado la vida te reclama constantemente es una vuelta a lo esencial y cuanto más desconectadas estemos de la VIDA, más complicado va ha ser.

Ser feliz tiene mucho de el contacto con otros humanos, con la tribu que te vas a forjar, con tu hijo, con sentir su piel, con disfrutar de ese tiempo “sin hacer” en el que haces tanto.

Ser feliz tiene que ver con que sientas que estás haciendo lo que tienes que hacer, lo que sientes que tienes que hacer y que eso va a revertir en el bien común, en la sociedad de la que formas parte.

Ser madre, vivir la maternidad plenamente sin esconderte, sin miedo es un acto revolucionario, transgresor, un acto que desde tu intimidad está cambiando la visión de todos los que te rodean, los más cercanos y los que te cruzas en la calle. Ser consciente de que estás haciendo eso te va a hacer feliz.

La depresión en el puerperio puede venir desde muchos puntos, es real, no hay que negarla, existe y no tienes que avergonzarte por ello. Vivimos tanto en el intelecto, que cuando la maternidad nos devuelve a donde pertenecemos: al cuerpo, a veces el choque es tan brutal que no podemos asumirlo.

Estar sola, sin ayuda (“porque tu puedes y debes hacerlo sola”, “porque miles de mujeres lo hicieron antes que tu” lo que no nos cuentan es lo mal que lo vivieron), puede acabar en una depresión.

Sentir ganas de salir corriendo cuando estás así es normal, no salgas corriendo, cuando lo haces te llevas contigo todos esos sentimientos, no hay escape, sigues estando contigo; busca ayuda, apoyo, aprende a pedir y date un respiro, la autoexigencia a veces es exagerada.

Te voy a decir un secreto: No tienes que hacerlo sola. 

Pedir ayuda es un acto de generosidad para contigo y para las personas que te rodean, déjales ayudarte, seguro están deseosos de hacerlo, porque te quieren, porque les importas, porque TU importas y eres valiosa.

Eres madre, tu hijo te necesita, pero tu también cuentas, no te olvides nunca de ti.

Aún así, yo insisto en la felicidad, porque sé que podemos ser felices y gozar de la maternidad, porque lo mereces, porque eres digna y eres la mejor madre que tu hijo puede tener 


Raquel Tasa
Mayo 2017

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Embarazo y puerperio Feliz. 

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