llum
El alma se alimenta del alma.
Lo que siembres crecerá y se hará grande.

La tristeza es un pozo sin fondo, la melancolía un lodazal calentito en el que retozar, si te regodeas en él, más tarde serán arenas movedizas que atraparan tu alma y ya no querrás salir.

Estando allí atrapada en los brazos y abrazos insanos de la desesperanza un día te atreves a sonreír al ver un rayo de sol entre las hojas cambiantes de un otoño cambiante.

No es «la» felicidad es «solo» una sonrisa. Es un principio.

Las sonrisas son juguetonas buscadoras de otras sonrisas para retozar, remolonas en la luz.

Sobre cada sonrisa vive una mirada que se ilumina con el gesto de la boca curvada, no pretendía, no quería. Se contagia sin querer.

Miran los ojos, miran, siendo todo igual ya no es lo mismo, las brumas son dulces, no puertas al abismo.

El sol acaricia la piel, se filtra la calidez abriéndose paso hasta el alma.

El atardecer trae en su lento paso rosado, anaranjado de su mano a la noche silenciosa, un lugar íntimo donde reencontrarte.

Sobre cada mirada, descansa acomodado el Controlador, dispuesto a rendirse a un nuevo modo de ver, a nuevas sonrisas.

A la misma vida forjada ahora con una nueva materia.
Raquel Tasa
11 de Noviembre de 2016

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